Mientras la nave Orion de la misión Artemis II hace historia al superar los 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra, un nombre resuena con fuerza en la memoria científica de nuestro país: el Dr. Héctor Rojas. Aunque su figura fue silenciada durante décadas, el éxito de la actual travesía lunar de la NASA no sería posible sin los cimientos matemáticos de este astrofísico zuliano.
La misión Artemis II tiene el objetivo crítico de validar los sistemas de soporte vital y navegación para que los humanos vuelvan a pisar la superficie lunar. Sin embargo, esta seguridad operativa tiene su raíz en el «Método Rojas». Durante la era Apolo, fue el doctor Rojas quien realizó los cálculos precisos de las maniobras de alunizaje y la cartografía detallada de la superficie lunar; conocimientos que siguen siendo la base para que la tripulación de la nave Orion navegue con éxito.

De acuerdo con el capítulo sobre Héctor Rojas del libro «Descubrir lo Invisible: Humberto Fernández-Morán, el tecnólogo atómico» (2024), de la Dra. Gloria G. Carvalho Kassar, Rojas no fue solo un calculista, también fue el estratega que determinó las curvas de temperatura y la topografía necesaria para un descenso seguro. Hoy, cuando los astronautas de Artemis II observan los cráteres y destellos de impacto en la Luna, están validando una ruta que un venezolano trazó con precisión matemática hace más de medio siglo.

Artemis II se presenta bajo la premisa de «beneficio para todos». No obstante, ese ideal de soberanía ya latía en el corazón de Rojas en 1974, cuando propuso el Centro de Estudios Espaciales Venezuela-NASA (CEEVN) en Maracay, estado Aragua. El proyecto, con 32 edificios y tecnología para mejorar la agricultura y salud rural mediante radiación cósmica, representaba una vanguardia que incomodaba los intereses de los Estados Unidos.
El libro revela cómo el sueño de una Venezuela protagonista, con infraestructura propia y no solo como espectadora, fue truncado. Mientras Rojas recababa apoyo de 32 países para este complejo, el poder político y militar de una superpotencia comenzaba a ponerse en su contra.

La historia oficial ignoró a Rojas porque su conocimiento lo hacía «incómodo». En julio de 1975, tras ser engañado con una supuesta audiencia de alto nivel en Estados Unidos, Rojas fue retirado de su residencia en Maracay por militares extranjeros. Lo que siguió fue un período de aislamiento y técnicas psicológicas invasivas que, según su cronista Pierre Monteagudo, buscaban neutralizar su intelecto.
Rojas regresó a Venezuela en 1976 en condiciones deplorables, con su salud cognitiva quebrada y bajo órdenes diplomáticas de ser borrado de cualquier registro oficial. Este «secreto de Estado» no solo buscaba ocultar a un hombre, sino frenar la posibilidad de que una nación en desarrollo liderara la frontera del conocimiento espacial.

Hoy, la figura de Héctor Rojas emerge de las sombras. Mientras Artemis II establece nuevos récords de distancia humana, el reconocimiento a este científico venezolano se vuelve una tarea urgente para la memoria histórica no solo de Venezuela, sino del mundo. El camino a la Luna, ayer y hoy, lleva la firma de un genio nacido en Maracaibo que, a pesar del intento de las potencias por borrarlo, sigue guiando a la humanidad hacia el espacio.
